lunes 1 de enero de 2007

Rayos de Sol

Porque lo que necesita Lima son más Rayos de Sol

No hay mejor plan para una ciudad que el no tenerlo; que la palabra gestión implica utilizar el dinero únicamente en obras materiales antes que compartir la partida en inversiones de tipo social. Sin ir muy lejos, este año Bogotá fue premiada como la Mejor Ciudad del Mundo en la última versión de la élite de alarifes: la X Bienal de Arquitectura Internacional de Venecia. Desde 1990, año en que la Organización Panamericana de la Salud (OPS), mediante un informe revelara la crítica situación de seguridad considerándola como la Ciudad más peligrosa de Sudamérica; hasta el día de hoy, galardonada y reconocida como ejemplo de ciudad, ha pasado por gestiones concatenadas, concientes de que el proceso de mejora pasa por el compromiso de quienes asumen la dirección, ejecución y práctica, antes que pensar en maquillajes urbanos. El éxito de Bogotá radica, en una ya comprobada política humana: en devolverles la confianza a los Bogotanos por sus instituciones y autoridades locales, en inculcar actitudes positivas frente a los problemas antes que por las vías violentas. En resumen, inyectar un sentido de pertenencia por la ciudad. Esto repercutió en la voluntad de los ciudadanos por participar comprometidamente en el desarrollo de su ciudad aportando más de lo correspondiente al monto de sus impuestos, un 10% más para proyectos sociales que los Bogotanos potestativamente aportaron. Con normas claras, transparentes y participativas (de verdad), Bogotá ha crecido. El primer gobierno local saneó la ciudad económicamente e implementó el estatuto orgánico. Estas fueron las bases administrativas para su posterior desarrollo. Cuatro burgomaestres en cinco periodos administraron la ciudad de manera continua, sin importar su posición política, sabiendo dirigir esfuerzos e inversiones en servicios de calidad. En 1997 llegó el Transmilenio, buses de gran capacidad, ordenados y ecológicamente eficaces, ciclovías y la recuperación de espacios públicos fueron los proyectos que se llevaron a cabo. Hoy Bogotá disfruta de espectáculos artísticos al aire libre, de la libertad de sus expresiones colectivas plasmadas en el espacio público, donde los ciudadanos (desde los vendedores ambulantes hasta el más erudito de los bogotanos) conviven en esta ciudad inclusiva. Aún falta más por resolver, como la eterna lucha contra la pobreza, reducción de la tasa de mortalidad y la educación, que como imaginamos se irán solucionando.
Empero, la actitud de nuestros gobernantes locales es impregnar a la ciudad bustos de concreto armado y arañarse verbalmente, antes que colaborar por el proyecto de la ciudad. Estas son las maneras criollas de hacer gestión municipal.

Lima es una jungla que hace rato pide “chepa”. 2813 km2 no pueden ser dirigidos por una sola administración. La existencia de cinco Limas es evidente (Lima Norte, Lima Sur, Lima Este, Lima Central, Lima Oeste), Augusto Ortiz de Zevallos defiende esta reestructuración de Lima en grandes grupos de varios distritos antes que menudas 50 comarcas que procedan de manera dispersa y a su antojo particular. Cada una de estas Limas de manera organizada y sincronizada plantearían la visión total de la Gran Lima como punto de partida y luego ejecutando planes específicos según se avance en la escala del plan de desarrollo.

Lima necesita urgentemente funcionarios y especialistas con sentido de trabajar en equipo, con actitud desprendida, proclives a escuchar y aprender de aquellos a quienes sirven. No es posible que se prioricen las inversiones privadas en espectáculos acuáticos en vez de dirigirlas a remodelar más predios desocupados. La excusa parece ser mantenerlos como fósiles urbanos, antes que verdaderas estructuras habitadas y vivas que le den sentido de permanencia en el tiempo. Repoblar el Centro Histórico con nueva gente es asegurar la tradición que hace rato pide dejar herencia.

Lima debe apostar por ser una ciudad compacta, diversa e inclusiva. ¿Qué sucedería si permitiéramos que aquellas personas que castigamos con el estigma de la marginalidad, vivieran en nuestro vecindario? Se aprende a ser ciudadano en la ciudad, difícilmente se aprende ciudad desde las conurbaciones.

Es evidente que los proyectos no tienen ningún orden de prioridad, no existe plan porque así es más fácil reivindicar las medidas de urgencia, de momento. Las candidaturas a los gobiernos locales se ofrecen a apagar los incendios (no a prevenirlos) y una vez sentados en el sillón municipal se dedican a regar flores.

Sino, como se puede explicar que proyectos tan desubicados en emplazamiento que no llevan a ningún lugar; no austeros (recordando que es con nuestro dinero de los arbitrios que se edifican estos prototipos de arbolitos de navidad) formalmente desproporcionados y con una “lógica” ilógica estructural (donde lo que debe funcionar a suspensión lo hace con apoyos) se realicen en el borde natural de nuestra ciudad como el río Rímac mientras que en otras realidades son atendidas para ser devueltas a la ciudad y dejar de ser el drenaje o patio trasero de la ciudad. Se ejecutan proyectos que no generan más proyectos por si mismos

¿Quién autoriza estas barbaridades?

Fuentes consultadas: diario: El Comercio del 12 de noviembre del 2006 / libro: Ciudad de los Reyes, de los Chávez, los Quispe… 2004. Arellano Investigación de Marketing / conferencia: Actuales problemas de Lima. 2006. Grupo Convergencia. Universidad del Pacífico. 16 de noviembre. Apunte: Jimmy Baltasar.